Me serena y me conmueve la quietud del templo.
Las columnas me arropan de miradas indiscretas, cómplices de mi equivocada ubicación.
Tras las puertas poderosas el tiempo se desenvuelve en una nueva dimensión.
Ruidos con eco metálico, alguna tos, pasos de tacones, leve voz...
Vengo algunas veces, me siento mejor, escapo de las calles y sus ruidos de motor.
Anónimo entre las sombras, escapista, niño decepcionado, sin fe...

No sé a quién pedir mi salvación.
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ellos su viaje continúan; tú y yo hemos parado al lado del camino, querías atrapar los colores del atardecer que cercano se presiente, respirar el aire fresco, desentumecer los músculos.
Tu perfil se recorta sobre el paisaje, altivo, sereno, me enamoro de nuevo, enfrente el ritmo de los pasajeros, nosotros varados en el firmamento.
La quietud de ese instante provoca un extraño efecto, viaje en el tiempo. Muchos segundos corriendo, noches agitadas, aquellos inviernos, es curioso, crecemos.
Rehacer los planes en un momento, reescribir la historia que te cuento, un lapsus, suspiro del viento, me acaricias los labios, silencio, apreciar la belleza del momento y volar en la imaginación y el recuerdo.
De camino al descanso ganado tras largas jornadas de monótonos movimientos y oscuros objetivos casi nunca cumplidos nos tomamos un respiro. El lujo, en este loco mundo en que vivimos, es el tiempo perdido. La playa es el destino, me miras, sonríes, un guiño. Has cogido mi mano y me arrastras, corremos, reímos, saltos, mimos.
Intimidad, claridad, abrazo, regazo, cómplices, felices, sinceros, aventureros, amantes, amigos.
Mañana las olas acariciarán tu piel, huellas en la arena, sol, calor, brisa, amor.
servido por beetoloco
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Fue en sus calles, sus plazas y avenidas, entre amables gentes y hospitalidad, aprendimos a conocernos un poco más. Descubrimos belleza, sencillez, orden lineal, naturaleza integrada, metrópolis hechizada. Cena con fado, beso, abrazo, tus manos acariciando. El mar siempre presente, su brisa, tu falda, recorrer la costa epata, salvaje en la Boca do Inferno, imponente el Faro, la impresión de la retina intentaste resumir en el horizonte plasmado en acuarela. La tarde se escapa, la despedimos tranquilos en el Blues Café, saludamos la noche y ya de madrugada el Indochina despide una hermosa velada, el alba se presiente, nos miramos, juntos estamos. Felicidad, el tranvía, corramos, desde lo alto la vista es un regalo, el Castillo de San Jorge acoge otros dos enamorados.
Descúbrela despacio, explora su alma, es una ciudad única. Saborea sus deliciosos desayunos, piérdete entre sus recovecos, prueba sus cócteles rodeado de mil y una miniaturas, muñecas, juguetes. Descansa en el Botánico. Fantásticos puentes. Alfama, Baixa, Rossio, Chiado, Barrio Alto. Pasea su Puerto. No olvides el Oceanario. Conoce su gente, es especial. Poemas, el cielo, jardines, monumentos. Y recuerda, una vez que hayas estado, cualquier motivo para regresar será aceptado. Tu voluntad ha conquistado la bella ciudad del Tajo.
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